CAPADOCIA
Capadocia fue el siguiente destino de nuestro viaje, donde nos sumergimos en un paisaje de fantasía del 21 al 24 de octubre de 2025. Si Estambul nos había robado el corazón con su energía, este lugar nos dejó completamente boquiabiertos; parecía que habíamos aterrizado en otro planeta. Al igual que en la primera parada, el clima siguió estando de nuestra parte. Aunque los amaneceres ya se sentían bastante frescos, los días nos regalaron un sol espectacular y una temperatura perfecta para explorar cada rincón y maravillarnos con sus formaciones rocosas.
9/20/20266 min read
Día 1: Nuestro primer día entre el cielo y la tierra: Globos, Pigeon Valley y un encuentro mágico
Nuestro primer amanecer en Capadocia empezó tempranísimo, concretamente a las cuatro de la mañana. Hacía un frío que pelaba a esas horas, de ese que te recuerda que estás en plena transición otoñal en la Anatolia Central, pero la ocasión lo merecía con creces: ¡íbamos a volar en globo aerostático al amanecer!
Una de las cosas que más nos llamó la atención al subir es que el globo está súper bien organizado; tiene una especie de cesto dividido en compartimentos para cada grupo o familia, por lo que disfrutas del vuelo con total comodidad y sin agobios. Ver cómo se inflaban esos gigantes de colores en la oscuridad y empezar a elevarnos mientras el sol pintaba el horizonte fue una experiencia de las que te pone la piel de gallina. Las vistas de los valles desde el aire, rodeados de cientos de globos flotando a la vez, son algo a lo que ninguna fotografía puede hacer justicia.
El viaje fue una seda, pero el aterrizaje fue divertidísimo. El piloto demostró una puntería increíble y, entre risas y algún que otro bote, ¡consiguió encajar la cesta del globo directamente en el remolque del coche! Para rematar la aventura por todo lo alto, cuando bajamos nos recibieron con una pequeña celebración y nos dieron una copa de champán para brindar por el vuelo. ¡Un subidón de adrenalina y felicidad total para empezar el día!
Tras aterrizar y todavía con la adrenalina a tope, aprovechamos el día al máximo. Nuestra primera parada a ras de suelo fue el Pigeon Valley (el Valle de las Palomas), un lugar impresionante lleno de palomares excavados en la propia roca blanca. Y fue justo allí donde nuestro viaje dio uno de esos giros que hacen que viajar sea tan especial. Conocimos a Tai, un mexicano súper simpático que había estado viviendo durante meses en el Tíbet y que irradiaba una energía increíble. ¡Nos reímos tanto con él y conectamos tan bien que, prácticamente sin planearlo, se convirtió en nuestro compañero de aventuras para el resto del viaje por Capadocia!
Para cerrar un primer día redondo, nos fuimos los tres a ver el atardecer al Red Valley. Cuando el cielo empezó a teñirse de unos tonos rojizos y dorados de película, Tai nos sorprendió a todos: ¡nos dio una clase de Taichí allí mismo, en mitad del valle y en plena puesta de sol! Fue un momento totalmente mágico, conectando con la naturaleza de un lugar tan místico. Una de esas anécdotas que jamás olvidaremos.


















Día 2: Despertar en un cuento de hadas, el Valle del Amor y un espejo mágico llamado Lago Tuz
Al día siguiente nos despertamos con una banda sonora muy particular. Muy temprano, casi sin abrir los ojos, empezamos a escuchar el rugido de los quemadores de los globos desde nuestra propia habitación. Nos asomamos y ahí estaban, tiñendo el cielo de colores otra vez. En ese momento no éramos conscientes de la tremenda suerte que tuvimos: a partir de ese mismísimo día el tiempo empeoró drásticamente y no volvió a salir ni un solo vuelo en toda la semana. ¡Nos pilló el único día bueno por los pelos!
Sabiendo lo afortunados que éramos, subimos directos a la terraza del hotel donde servían el desayuno. Aquello era un espectáculo. La terraza tenía las mejores vistas panorámicas y pudimos hacernos unas fotos impresionantes con los globos flotando por todo el cielo justo detrás de nosotros. Desayunar con ese telón de fondo, con la tranquilidad de haber vivido ya la experiencia desde el aire el día anterior, fue un momento inolvidable.
Con las pilas bien cargadas y en compañía de Tai, nos subimos a nuestro coche de alquiler para empezar la ruta. La primera parada fue el famoso Valle del Amor (Love Valley), conocido por sus imponentes y curiosas formaciones rocosas (las chimeneas de hadas más peculiares de la región) que crean un paisaje único en el mundo.
Después pusimos rumbo a nuestro plato fuerte del día: el Lago Tuz (el famoso Lago de Sal). Está un poco alejado de la zona turística de Göreme —nos llevó algo más de una hora y media de coche—, pero os aseguro que mereció muchísimo la pena el viaje. Al llegar nos encontramos con una inmensidad blanca brutal que funcionaba como un espejo perfecto. El cielo se reflejaba por completo en la fina capa de agua sobre la sal, creando una ilusión óptica espectacular donde no sabías dónde acababa la tierra y dónde empezaba el cielo. ¡Súper bonito e ideal para jugar con la cámara de fotos!












Día 3: Tercer y último día: El misterio bajo tierra de Derinkuyu y el adiós a Capadocia
Llegó nuestro tercer y último día en esta región mágica, y decidimos exprimirlo a fondo antes de despedirnos. Nos subimos al coche de alquiler junto a Tai y nos desplazamos unos 40 minutos hacia el sur para visitar la ciudad subterránea de Derinkuyu. Habíamos leído que era uno de los lugares más impresionantes que ver en Capadocia, ¡y no decepcionó en absoluto!
Es una auténtica locura pensar cómo hace siglos miles de personas podían vivir completamente escondidas aquí abajo, llegando hasta ocho niveles por debajo del suelo. Caminamos por pasadizos donde tenían escuelas, bodegas para el vino e incluso iglesias. Eso sí, un consejo de viajeros: si sufrís un poco de claustrofobia, mentalizaos antes de entrar, porque los túneles son bastante estrechos y en muchos tramos hay que avanzar prácticamente agachados.
Al salir a la superficie y recuperar el aire, aprovechamos el resto de la tarde para recorrer los alrededores de la zona, disfrutando de los últimos paisajes rocosos y de esos pueblos con encanto que hacen tan especial a la Anatolia Central. Fue el momento perfecto para asimilar todo lo vivido en apenas tres días: el globo, las risas, el taichí al atardecer y los reflejos del lago de sal.
Rumbo a la estación: Nuestro autobús nocturno a Pamukkale
La aventura en esta zona llegaba a su fin y esa misma noche teníamos el plato fuerte logística del viaje: el autobús nocturno hacia Pamukkale. Fuimos a devolver nuestro coche de Abbycar al aeropuerto de Nevşehir y nos despedimos de nuestro gran amigo Tai. Cruzarnos con él fue de esas casualidades mágicas que te regalan los viajes; nos abrazamos fuerte y nos prometimos volver a vernos en algún rincón del mundo.
Para cruzar los casi 600 kilómetros que separan ambas regiones, la opción del bus nocturno era perfecta para ahorrar tiempo y una noche de hotel. El trayecto dura unas 10 horas, pero los autobuses en Turquía son comodísimos, tienen buen espacio para las piernas y hacen varias paradas durante la madrugada. Nos subimos al bus cansados pero muy ilusionados, listos para dormir sobre ruedas y despertarnos directamente en el famoso "Castillo de Algodón". ¡Pamukkale nos esperaba!

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