PAMUKKALE

Pamukkale fue el último destino de nuestra increíble aventura por Turquía, un lugar mágico donde pasamos un único pero intensísimo día entero. Si Capadocia nos había parecido otro planeta, encontrarnos de golpe con este impresionante "Castillo de Algodón" nos dejó sin palabras; era como estar caminando sobre nubes congeladas en mitad de la nada. A pesar de que veníamos cansados del viaje en autobús nocturno, el cansancio desapareció en cuanto vimos brillar las terrazas blancas bajo el sol. Sabíamos que teníamos las horas contadas para exprimir el lugar al máximo, ¡y vaya si lo aprovechamos!

9/20/20264 min read

Exprimiendo el "Castillo de Algodón": Terrazas de travertino, teatro romano y relax total

Tras unas diez horas de viaje durmiendo sobre ruedas, el autobús nocturno nos dejó en nuestro destino bien temprano por la mañana. Fuimos directos al Bellamaritimo Hotel para hacer el check-in, dejar las mochilas y cambiarnos de ropa. Para no perder ni un solo minuto de nuestro único día aquí, reservamos directamente con el hotel el traslado hasta las terrazas de Pamukkale. Fue una idea fantástica porque nos dejó allí mismo en un periquete y listos para empezar.

Allí echamos toda la mañana entera, maravillados con el paisaje. Caminar descalzos sobre esas imponentes terrazas de travertino blanco, sintiendo el agua templada bajo los pies, es una sensación única.

Subimos sin prisa, disfrutando de las vistas y esquivando a los grandes grupos de turistas que llegan más tarde. Una vez arriba, aprovechamos para explorar las ruinas de la antigua ciudad de Hierápolis, donde el gran protagonista fue el impresionante teatro romano. Está espectacularmente bien conservado y las fotos desde la zona alta quitan el sentido.

El broche de oro del viaje: Almuerzo, siesta y un auténtico Hammam

Después de patearnos toda la zona arqueológica y las terrazas, bajamos a almorzar para recargar energías con la deliciosa comida local. Hay que reconocer que el palizón del autobús nocturno y la caminata bajo el sol de la mañana nos pasaron factura, así que después de comer nos volvimos al hotel a echarnos un rato de siesta que nos supo a gloria benedictina.

Pero lo mejor estaba por llegar. Para despedir el viaje de la forma más redonda posible, a última hora de la tarde fuimos a un auténtico Hammam (baño turco) en el hotel Tripolis. Fue una experiencia increíble: allí nos bañaron enteros de arriba a abajo con espuma y nos dieron un masaje relajante espectacular. Os prometemos que fue la mejor decisión de todo el viaje; salimos de allí flotando en una nube, completamente renovados y listos para el regreso. ¡El broche de oro perfecto para una aventura inolvidable!

El regreso a casa: Vuelo a Estambul y rumbo a España

Al día siguiente, nos despedimos de Pamukkale con el corazón lleno de recuerdos. Cogimos un vuelo temprano desde el aeropuerto de Denizli de vuelta a Estambul, donde pasamos nuestra última noche en el país disfrutando de sus calles mágicas. El día 26, pusimos rumbo definitivo al aeropuerto para coger nuestro vuelo de vuelta a casa, directos a Sevilla, con la mochila cargada de anécdotas, fotos brutales y un nuevo amigo mexicano en el corazón. ¡Turquía, nos has enamorado!